Llamas en la noche

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Llamas en la noche

Mensaje por Invitado el Vie Jun 29, 2012 6:57 am

Empezó a delimitar un gran círculo. Envuelta en su gran capa negra había llegado a aquel claro del bosque en donde la luna emergerá iluminándolo solo por unos minutos. No era el sitio más recóndito pero sin duda era el idóneo para esperar visitas inoportunas. Lo esperaba.

Siguió dibujando en el suelo a pesar de que la rodeaba una gran bruma opaca y húmeda, tan húmeda que se calaba en los huesos. La mayoría de los profesores estarían patrullando por los pasillos tenebrosos de Kurowski, pero ninguno de ellos encontraría señal alguna de la fiesta libertina que estaban celebrando. A Izabela poco le importaba. Él siempre daba caprichos a sus pequeños experimentos…

Se hizo a un lado para observar el círculo. Tomó la calavera cornuda y la depositó en el montículo de plantas espinosas que se encontraban en el centro. La luna empezó a asomar brillante y misteriosa. Fue en ese momento cuando advirtió un ruido detrás de ella, en el interior del bosque. Su invitado estaba cerca.

Esperó unos minutos para que la luna se situase en su plenitud y comenzar su tributo. Oyó de nuevo otro crujido de las hojas que le indicaba el comienzo. Encendió una gran hoguera, roja como la sangre, en el centro del círculo. Las llamas serpentearon por las líneas dibujadas encerrándola en el anillo mágico. Con la luz de la luna, la atmósfera del claro se tornó púrpura.

Desabrochó su capa y quedó completamente desnuda ante la hoguera. Todas sus curvas quedaron bañadas por la luz mística. Se arrodilló, metió las manos en el fuego y tomó la calavera para alzarla hacia la luna…

-¡Tu ofrenda… y tu sacrificio!

Se colocó la calavera en su cabeza que se amoldó perfectamente dejando al aire sus labios, dejando libre sus sentidos… En ese momento experimentó el éxtasis.

Su cuerpo comenzó a danzar alrededor del círculo. Sus manos se alzaban al cielo y se retorcían en su cuerpo, en sus senos… Su cabeza se inclinaba y sus caderas se movían en el vaivén de su éxtasis. Su ritmo aceleraba, y gemía con cada impulso. Sabía que la observaban, y ese hecho le producía un frenesí imparable. Lo ansiaba.

Y en un abrir y cerrar de ojos, saltó hacia la hoguera. Se quemaba y se consumía. Metió los dedos en su interior y explotó. La hoguera se extinguió, sin dejar ningún rastro de ella.

Boris salió apresuradamente de entre las sombras con su varita en la mano. Volvió a reinar el silencio y la densa bruma oscura.

-¡Lumus!

Miró de un lado a otro inquieto. Tenía la respiración entrecortada y los nervios a flor de piel. Un poco más y le da un infarto… sin hablar del calentón que tenía…

-¿Iza-zaa… Izabela? ¿Est-estás ahh-í? ¿Es… ¿Est... estás… ¿Estás bien?

No tuvo ninguna respuesta. No había rastro de nada ni de nadie. Como si todo hubiese sido un espejismo pagano de la noche. Palpó con su mano su cabeza en modo pensativo, sin saber que hacer. Dio otro vistazo intentando canalizar lo ocurrido. Sin respuestas volvió sobre sus pasos y regresó al castillo.

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