Avant-garde I

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Avant-garde I

Mensaje por Invitado el Jue Jul 18, 2013 6:34 am

Aquella tarde estaba completamente cubierta de nubes y amenazando con llover. Los fríos vientos de noviembre auguraban que en breve el inminente invierno iba a ocupar aquellos paisajes con sus gélidos aires del norte. Con aquel panorama, la tarde era ideal para disfrutar del día de fiesta en la acogedora tetería del pueblo, o bien pasarla bien resguardados del frío con los amigos.

Eso era lo ideal. Pero por alguna razón, Malina se encontraba completamente sola en el mirador, prefiriendo pelarse de frío a la intemperie a estar con el resto de sus compañeros. Tomó asiento, abrió el bolso que llevaba y de él sacó una botella de krupnik, a la que le dio un largo trago, notando en su garganta el ardor de la potencia del licor y el regusto a miel, calentándola al instante.

-Esta va a ser una gran tarde. -Dijo por lo bajo sacando un paquete de cigarrillos con filtro y un mechero que al encenderlo otorgaba una llama turquesa.

Se metió un cigarrillo en la boca y exhaló con auténtico deleite la bocanada de humo. La tensión de su cuerpo fue desapareciendo a medida que iba dando tragos a su licor y caladas a su cigarro. Observaba el paisaje con las mejillas enrojecidas y un leve mareo embotó su cabeza.

Se encontraba completamente relajada cuando unos pasos cerca de ella la sobresaltaron. De inmediato ocultó su bolsa delatora tras su cuerpo. Ante ella apareció la silueta de Stephan Keehl, ataviado con un abrigo negro de cuello y mangas de pelo, y con su cabello esta vez de un tono violeta suave, tan apastelado como de costumbre. Stephan no pudo reprimir la sorpresa de ver a aquella chica allí sola y fumando.

"¿Pero esta no era una de las empollonas de 4º? ¿Qué hace aquí dándole al vicio del pulmón? Esto sí que no me lo esperaba, madre mía..."

-¿Qué haces aquí con este frío? ¿No deberías estar haciendo el lila en el día de fiesta? -Comenzó Malina rompiendo el hielo.

-Mira quién habla. ¿Estás aquí para que no te pillen fumando?

-Está claro, ¿no? -Dijo con una risa socarrona sacando de su espalda la botella de krupnik y dándole un largo trago. Stephan la miraba sin dar crédito.

-Tienes unos vicios un poco insanos para tu edad, ¿no? -Stephan se acercó y tomó asiento cerca de ella, muy despacio debido al fuerte dolor que invadía su cuerpo desde lo acontecido en los baños con el profesor de Transformaciones la noche anterior. -Lo cierto es que es cosa tuya, así que no te voy a sermonear. ¿te importa invitarme a uno? -El chico señaló el cigarro de la muchacha. Malina no tuvo problemas en darle uno y encendérselo con la preciosa llama turquesa de su mechero.

-Tú también, por lo que veo...

-¿Dónde consigues todo esto? ¿Te lo envían o lo pillas por aquí?

-Lo pillo por aquí. Si tienes interés me puedes pagar y te paso lo que quieras.

-¿Qué tienes?

-De todo. Alcohol y tabaco, puedes elegir marca. También si quieres jugar en serio tengo otro tipo de sustancias más "hardcore".

Stephan se quedó mirando el humo blanco que exhaló de su primera calada profunda. El escozor nocivo de aquel humo penetrando en sus pulmones le dio un ligero mareo que lo animó bastante.

-No me imaginaba que tú que tienes fama de empollona y tía legal tengas estas aficiones ehhh... perdona, no recuerdo tu nombre, ¿podrías...?

-Malina Strauss. Llámame Malina.

-Qué nombre tan bonito.

-Gracias. A mí también me gusta. Tú eres Stephan Keehl, lo sé. Eres famosillo por toda la escuela desde que fuiste el primero en pararle los pies al führer, como tú lo llamas. Aunque ese mote está causando furor. Ahora todos lo llaman führer por lo bajo.

Stephan se retorció levemente al recordar a su profesor, con el que la noche anterior tuvo sexo en el baño. Sexo sin tapujos. Sexo hasta caer rendido. Su experiencia con él le hizo aflorar unas sensaciones de las que no se creía poseedor. Le hizo probar varias veces el placer de un orgasmo profundo y desconcertante, aparte del vicio de sentirse deseado, humillado y de estar a completa merced del otro. La ansiedad del recuerdo y el miedo por lo que todo aquello le depararía, fue adueñándose de su cuerpo. Para más inri todo su cuerpo estaba hipersensibilizado por haber rebasado sus límites en aquella experiencia. En particular, su espalda, vientre y piernas no hacían más que darle punzadas y problemas para sentarse e ir al baño, por no mencionar la cantidad de chupetones que adornaban su pálida piel.

-Dame un trago, anda. -Pidió el muchacho. Malina le ofreció la botella y este dio un par de largos sorbos que casi lo abrasan por dentro. Paró para toser y coger algo, retumbándole en los oídos la risa socarrona de la chica. Cuando el calor del licor le subió a la cabeza, comenzó a sentirse mucho mejor. -Gracias Malina.

-Eso ha sido un beso indirecto. -Sonrió Malina arrimándose a Stephan. Por alguna razón, el contacto con aquella chica se le hacía al alemán tan agradable en un momento como le asqueaba al siguiente. Aquella chica tenía algo raro, algo sucio dentro de ella. Podía notarlo en aquella mirada turbia y empañada de ojos de un color verde que se le asemejaba al moho.

"Esta chica da mal rollo."

-¿No quieres más? -Malina le alargó la botella, no sin antes dar otro trago. la polaca estaba claro que bebía en cantidad, y a esas alturas ya tenía el punto bien cogido.

"Este chico está viendo a través de mí."

-¿Quieres darme otro beso indirecto?

-Qui-zás. -Malina se aproximó a Stephan y le agarró con suma suavidad la punta de sus cabellos, admirando el color. Stephan se apartó instintivamente, ya que no le gustaba que le tocasen el pelo.

-No quiero que tu novio me parta la cara.

-No tengo novio.

-Será porque no quieres.

-Será porque no me quieren.

-Tampoco te pongas así. Todavía estás un poco verde para pensar así, ¿no? -Se rió Stephan. -Aunque sé tu edad por el curso en el que estás. Pareces más mayor y avispada que las chicas de tu edad.

-¿Esto es el inicio de una conversación sucia?

-Puede serlo. ¿Te molesta?

Malina sacó otro cigarro y le ofreció de nuevo a Stephan que no rechazó su invitación. Ambos se miraron en silencio mientras exhalaban sus primeras caladas, esperando a que el otro diera el paso.

La chica de las gafas analizaba todo acerca del joven que tenía delante: su forma de hablar, su voz, su forma de moverse, su velocidad de reacción... Realmente le gustaba lo que veía. Le gustaba mucho. Pero el "gustar" de Malina no era ni de lejos el "gustar" común. A Malina le "gustaba" Stephan a rabiar.

Sonrisa entre dientes.

-Estás sucio, Stephan.

-Mira quién habla, fumadora, bebedora y trapicheando con 14 años que tienes. -Stephan no eludió el contacto con la chica esta vez. -¿A dónde quieres llegar?

-¿Sabes? No te pregunto qué demonios estás haciendo aquí porque me lo puedo imaginar. Quiero decir que no sé la causa, pero lo que sí sé es que estás aquí por lo mismo que yo. Estás huyendo de algo.

"En el puto clavo. ¿Quién coño es esta niñata?"

Malina sonrió de forma inquietante. Se quitó las gafas y las dejó cuidadosamente al lado de su bolso. Stephan pudo ver los ojos de aquella joven, verdes, sucios e inquietantes. Parecía una bestia contenida en esa carcasa llamada cuerpo. Y a Stephan aquello le dio un escalofrío. Verse reflejado en aquellos ojos opacos y mugrosos. Sin embargo lo que más le desagradaba en sí era algo en los rictus de aquel rostro. Algo.

"Este niñato tiene la misma marca que yo. Hay que joderse, es un puto marcado."

"Esta niñata está marcada. Qué chungo, joder..."

Ambos rieron a la vez y acabaron sentados uno al lado del otro. Malina dio un trago y se lo pasó a Stephan que lo recibió con deleite. Estuvieron un rato compartiendo impresiones de otros alumnos y profesores. Malina le aconsejó sobre ciertos protocolos de la escuela y compartió algunas anécdotas escolares que les hizo acabar a carcajadas varias veces.

Se estaba poniendo bastante oscuro. Una fina aguanieve comenzó a caer sobre el campo, del que emanaba con la humedad un agradable aroma a tierra mojada y musgosa, y a corteza de árbol. Los adolescentes aspiraron a la par. Aunque se encontraban bastante mareados por el alcohol que llevaba en sangre (Stephan más mareado por mucho menos), ninguno de ellos estaba cerca de perder el norte más que tener la risilla floja y las rodillas lacias.

-Oye. ¿Qué opinas del avant-garde?

-Pues como todos. Que hay cosas que molan y cosas fraudulentas. Aunque hay mucho gilipollas que disfraza de avant-garde auténticas mierdas con el sello de ser "artistas de nueva generación".

-¡Toma castaña! ¡Sin vaselina, como a mí me gusta! O sea que el rollo muggle sabes como va, ¿no?

Un escalofrío desagradable recorrió a Stephan, tanto que casi logra quitarle el mareo de la leve borrachera. Sin embargo Malina no emitía ninguna mala sensación ante aquello.

-Yo también soy sangre limpia y también prefiero el arte muggle. De hecho el arte muggle no se puede comparar al escaso arte mágico. Quiero decir que no tiene ningún mérito cómo se hacen las cosas aquí. Los muggles hacen maravillas con las manos desnudas, y también con máquinas que han construido con las manos desnudas. Comparado el arte mágico con el muggle es como hacer sexo en seco con chubasqueros a follar en bolas y a pelo en las vías del tren.

Stephan tuvo un fuerte ataque de risa que le contagió a Malina. Ambos casi rodaron en el húmedo suelo sin poder tenerse en pie. Cuando uno paraba el otro la contagiaba de nuevo y vuelta a empezar. Así hasta que lentamente se fueron calmando.

-No digo que no tengas razón, chica. -Dijo el alemán secándose las lágrimas y con la voz aun temblorosa. -Lo que pasa es que tu comparación ha sido de un salvajismo que me ha dejado a cuadros. ¿Y lo del arte, es que eres muy fan o algo?

-Ya te comentaré eso más adelante, que nos puede llevar lo nuestro. Quiero confesarte una serie de cosas que me obsesionan cosa mala. Digamos que tengo fetiche por el avant-garde de la ultraviolencia.

-El avant-garde de la ultra... -Repitió Stephan notando cómo un fuerte nudo lo empezaba a invadir. No sabía bien a lo que se refería aquella chica alocada, y una parte de él se moría por saberlo, pero otra se estaba echando para atrás ante a lo que podría referirse.

-Vivimos en un mundo regido por la ultraviolencia, Stephan. Lo tienes que saber tan bien como yo. Los que pisotean, guerras, torturas, violaciones... desde la era medieval. De hecho en la era medieval la cultura de la ultraviolencia estaba más cercana al populacho y más arraigada para todos, por no hablar de la creatividad de la tortura. Con el rollo de la educación cívica para todos, todo eso se ha perdido, pero no es que el mal haya desaparecido. Vivimos apartados de la cultura de ultraviolencia, con unos designios hipócritas en los que rechazamos todo contacto con ella, y sin embargo no estamos más que creando una forma de violencia silenciosa y acallada que sigue perpetuando el mal. Lo que quiero decir es que el mal está ahí, sigue ahí, disfrazado. Lo que yo propongo es crear una corriente de culto en la que la violencia disfrazada y mediocre acabe siendo arte en sí misma. La vanguardia de la ultraviolencia.

-Pero Malina, eso es... Tía, razón no te falta, pero eso es algo...

-¿Tú me apoyarías?

-Tendríamos que hablarlo más a fondo. Quiero saber más de lo que propones y yo también opinar sobre mi postura. Deberíamos...

Justo en ese momento, un fuerte graznido seguido de un revoloteo ensordecedor los interrumpió y los devolvió a la realidad. Ya había oscurecido. Debían volver al castillo antes de que el Celador fuese a buscarles y les cayese un broncazo. La chica lo recogió todo y ambos corrieron a través de la húmeda hojarasca.

Un cuervo dejó caer una pluma.

"Malina Strauss. Apta para entrar al círculo de la subdirectora."

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